viernes 2 de diciembre de 2011

Equipos


Pongamos que corría el año 1995. Hacía cerca de un año que aquel delantero no jugaba asiduamente. Era cosa de su trabajo, que no le dejaba hacerlo con el club en el que militaba desde 1984, cuando regresó a Madrid. Así que sus apariciones sobre el pasto se limitaban al tercer equipo, y no siempre. Y resultaba que creía que la edad aún no era obstáculo para unas cuantas temporadas más de entrenamiento, así que sin buscarlo, pero ojo avizor, estaba dispuesto para cambiar de club. Fue en octubre, dice. Frente a una cerveza, claro, con un viejo compinche de su equipo universitario. Un pilier de pasaporte norteamericano y curioso inglés que militaba en ese club, del que salió años después con inncesaria acritud. El caso es que ese club, dos o tres años de experiencia solamente, recogía a una amalgama de rugbistas que entendían la fe de Ellis exactamente como el delantero en busca de club. No tenían medios, pero sí corazón, calidad y ánimo. Entrenaban en un lugar que fue de asueto para el Rey Planeta, donde tanto Calderón y tanto Lope se representara, donde Olivares urdiera sus tramas europeas al tiempo que facilitaba un lance amoroso a su real señor. Se reunían en el bar de uno de los fundadores, a la sazón presidente, en castizo y levantisco barrio de la capital. Y disfrutaban y se hermanaban con cada pase, con cada golpe y con cada trago.

Bastó el primer entrenamiento, me dice, para que decidiera quedarse. El próximo año celebrará el club sus primeros veinte. Muchos partidos, mucha cebada y unas cuantas giras. Ya es otro el presidente, un leal servidor del club, un amigo de sus amigos y también delantero, jovial y rezongón, porfiador y terco, irreductible en la primera o en la segunda línea, destinos inequívocos de los de su constitución, compartida en tantas ocasiones con quien me da detalle de esto que les cuento. Ayer se le homenajeó merecidamente  y, seguro, se extendieron los parabienes para todos los acólitos y leales, estén cerca o lejos. A los presidentes honoríficos, el de apodo cefalópodo y el fundador.  Bien por todos ellos. El delantero no pudo acudir y lo lamenta, pues la condena bíblica a los primeros padres pesa sobre él y le mantiene más alejado de lo que querría. Importa, pero menos, porque me pide que deje aquí muestra de su respeto, homenaje y consideración por el club, sus fundadores, sus impulsores y su filosofía. Sea.

4 comentarios:

  1. San Isidro. Buen club, buena gente, bonita camiseta.

    Abrazos,

    nacho

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  2. Gracias Phil, sólo comentar que no son 25, son 19 y el año que viene 20.
    20 apasionados años, 20 años de alegrías y tristezas, 20 años en la que mucha gente ha pasado y ha vivido este Club y algunos que, desgraciadamente nos dejaron para siempre (o no?).
    En resumen 20 años de puro rugby o lo que es lo mismo de pura vida.

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  3. Ya, ya, del 92 no? las matemáticas, las matemáticas... y el lugar de redacción, que no invita entre tipos disfrazados de Darth Vader, prestos a entrar en juicio.

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  4. Si, septiembre del 92. Cuanto tiempo, cuanto tiempo.
    Cuídate Phil "Skywalker"

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