viernes, 17 de mayo de 2013

EL "PINCHO" DE BABEL (Rugby total a principios del s. XXI)


                       “La historia es una destilación del rumor”
Thomas Carlyle

Antes de proceder con la transcripción del “pod-cast”, (primitiva forma de retransmisión de información por vía telemática) que ha despertado un apasionado interés, tanto en círculos académicos como extra-académicos, han de hacerse unas cuantas precisiones con el fin de proveer de contexto tan notable documento. También debe advertirse –para aquellos que sólo buscan la barata excitación de lo truculento- que las imágenes del mismo no se difunden por su extrema violencia y los sonidos más sórdidos no han sido transcritos; aunque el rigor histórico nos obliga a confirmar que nos encontramos ante un caso documentado de canibalismo en Europa a principios del siglo XXI.

Debemos  empezar por agradecer al Doctor Van der Merwe, Director del Departamento de Criptozoología de la Universidad de Neues Witvatersrand la cesión de las imágenes y videos que ilustran los llamados “enlaces” del texto, desmintiendo de paso los rumores sobre la presunta relación de sus antepasados con los hechos que en él se relatan. Es la primera vez desde la fundación de esa prestigiosa institución que ha podido establecerse con claridad que los archivos tan cuidadosamente conservados se correspondían con verdaderas filmaciones, y no eran producto de la disparatada creatividad de gentes de dudosa estabilidad mental.


En segundo lugar, señalar que el artefacto del que ha podido extraerse la transcripción; un “pincho” en términos de los primeros años 2000, fue encontrado en el yacimiento de Babel, en la costa oriental de la Península Ibérica,  lo que demuestra que la preocupación por la resolución civilizada de conflictos, hoy prácticamente  universal, no estaba por completo restringida a ciertas áreas de la Commonwealth.

Y por último, señalar las áreas en que resulta decisiva la importancia del documento:

  1. Anatomía: demostración de la tesis del pulgar oponible.
  2. Distribución geográfica de nuestro sistema político.
  3. Mestizaje y participación de otras especies en las etapas iniciales de desarrollo del planeta.
  4. Confirmación de las leyendas post-ibéricas sobre el Martirio del Medio, previamente consideradas como simples versiones de la historia del Santo Niño de la Guardia.
  5. Validación de la existencia de los “primeros” por lo menos hasta el año 2021.
  6. Peligros de la diseminación del conocimiento y la tecnología superando fronteras interespecíficas.
 


Dr. Charles Taylor III
Departamento de Historia Antigua 
Universidad de Ciudad Prohibida
15 de Mayo de 4.038 D.C.



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Delenda est Chris Ashton!


Ya está, ni una sola palabra más sobre el payaso de Wigan. En realidad, sólo estaba  pagando el  peaje que exige el dueño del garito para franquearte la entrada, y para ser del todo sincero, camuflar lo que viene a continuación para pasarlo de matute. Lo cierto es que mi modesta contribución de esta semana se dirige a revelar al gran público la vasta –también podría haberlo escrito con b- conspiración que pretende dominar el planeta oval y subvertir sus valores. Y no me estoy refiriendo al dinero, al Scrum Steering Group de la IRB, o al contubernio entre australianos ex-AFL y miembros renegados de la Guardia Vaticana (este último grupo ha conseguido ciertos éxitos modificando la sobria estética de nuestro deporte, haciéndola ridícula

No, señores, no. El peligro ha llegado de un lugar insospechado, estaba oculto en nuestros vestuarios; en ese rincón al que no llegaba la luz, del que salían ocasionalmente gruñidos guturales  y siempre un olor sospechoso, una mezcla de Ben-Gay, Vicks VapoRuv y carne en estado de ligera putrefacción. Y la culpa fue de algunos hombres compasivos que creyeron que los seres que habitaban ese rincón serían útiles a la Humanidad, si se les enseñaba a distinguir entre izquierda y derecha (algunos de los más progresistas y bienintencionados pretendieron que asociaran los números pares con la diestra, y los impares con la siniestra. A la vista de cómo se ha desarrollado la Historia, me alegra decir que con poco éxito). En un principio, las cosas no fueron mal, los seres humanos habíamos adquirido unos fieles sirvientes que nos defendían, nos ayudaban a conseguir lo que queríamos más que todas las cosas  y se conformaban con nuestra compañía y alguna caricia en los lomos de vez en cuando. Así surgió la fructífera relación entre el hombre y su mejor amigo, el primera línea. 

Sin embargo, las caritativas almas que les enseñaron esa primera habilidad para que supieran hacia donde dirigirse no se contentaron con eso y les enseñaron a manejar los cubiertos y para asombro de todos… ¡a leer y escribir! Esa fue la semilla de nuestra perdición; desde el momento en que adquirieron el alfabeto, se dedicaron a observarnos y a imitar nuestras costumbres, esperando pacientemente su oportunidad, sin que sospecháramos nada. Tim Berners-Lee, ¡maldita sea su memoria!  se la dio al crear la W.W.W. Inmediatamente se pusieron a la tarea y se pusieron a difundir una mentira tras otra, con mesiánica dedicación. 

Seguro que Uds.  han leído u oído alguna vez cosas como esta:

·        No lo comprendéis porque la primera línea es una hermandad.
·        A mí lo que me gusta es buscar carne, y .... encontrarla.
·   Lo que sí que me molaría hacer es calentar como los pilieres del Begles que calentaban a cabezazos en el vestuario y salían ensangrentaos (sic) al campo.
·   Y fue Dengra y en la segunda melé le reventó la nariz de un cabezazo al sudafricano. Y va el nota y le dice “Let's play” y así siguieron ya todo el partido, cada uno a lo suyo.
·        La primera vez que jugué de “talona”, mi contrario -que era como un armario de tres cuerpos con espejo- me rompió tres vértebras y me dio por .... . Pero en el tercer tiempo se me acercó con una cerveza y me felicitó porque había jugado con el coraje de un granadero de la Vieja Guardia. Y hoy es el padrino de mis hijos y el segundo marido de mi primera mujer....

Esto ya era malo cuando sólo los oías en el bar en los terceros tiempos pero poco a poco, han puesto en marcha la fábrica-expendeduría de estiércol de toro más grande de la Historia. Allá donde mires, Internet está infestada de pilieres escribiendo,  talonadores con cuentas de tweeter, de chorradas de primeras líneas -hasta el punto de que hay uno que hasta dice que le dijo a su madre que deseaba ser como esto

Con todo,  lo peor no es que no paren de dar la paliza, de adueñarse de los micrófonos, de las directivas de las federaciones, de los banquillos de los equipos, de todo lo que parece oval en el planeta. Lo peor, lo que de verdad es absolutamente insoportable es que

¡¡¡MIENTEN COMO BELLACOS!!!

Y no lo digo, a humo de pajas, lo digo con pruebas documentales sólidas e irrefutables. He obtenido dos vídeos con gran peligro de mi vida, que demuestran lo que les digo, sin el menor asomo de duda. En los dos se ve a los pilieres del mundo hacer lo que de verdad quieren hacer. Y les juro que no es buscar carne, ni darse de cabezazos con un ex-convicto boér de 214 kg. de canal. Sé que esta revelación es atroz, y más después de oírles desde que eras cadete sobre la solidaridad, la hombría, las orejas rotas como trofeo, y bla, bla, bla.... Son como todos los jugadores y quieren lo mismo que todos ellos,  el auténtico deseo de sus negros corazones es.....

¡¡¡¡SER EL PUTO APERTURA!!!!

Como habrá quien no me crea, ahí va el primer vídeo  Si no tienen paciencia o tiempo para verlo íntegramente, les indico el segundo en que empieza cada jugada. En el s. 36 y en el 2:21, encontrarán a dos gordos marcándose una campese, en el s. 39, otro patea un drop; continúen hasta el 1:38 y verán una finta de pase, en  el 1:52, les deleitará un contrapié. Y las dos guindas: los tres de botitas rosas del final y una semi-ashton en el minuto 1:23. Y todos buscando el banderín.


¿Coincidencia? No lo creo así. Después de la concienzuda investigación que hace todo bloguero antes de escribir una palabra en la Red, encontré el segundo vídeo cuyo análisis les dejo. Finta en el s.48, 100 metros de carrera en el 3:40, patada a seguir, en el 2:08; y ¡Jonathan Davies me valga! dos patadas rasas en el s.33 y el 2:38. Y hay que esperar hasta el 4:08 para ver a un fulano que se decida a percutir contra otro.



Así que la próxima vez que un primera les venga con la milonga.... (Ruido de cristales, fuertes voces ininteligibles). ¿Qué es ese ruido? ¿Qué pasa? ¿Qué hacen aquí?¡¡¡¡No tienen derecho a estar aquí!!! ¡24, 24! ¡Soy medio de me.......!

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Fin de la transcripción. El podcast original dura unos veinte minutos más pero la dureza de su contenido aconseja no difundirlo ni siquiera en pro de la ciencia y la verdad.




  

lunes, 13 de mayo de 2013

Citas 27

Willie-John McBride se despidió del rugby internacional en Dublín con un ensayo frente a Francia, en 1975, en el viejo estadio del tren bajo la grada. Aunque no fue su último partido (le restaba uno por jugar de ese V Naciones, en Cardiff), fue su única marca vestido de verde, o de rojo, que tanto es recordado como capitán de su país como de los British & Irish Lions, con motivo de la serie que ganaron a los Springboks y donde profirió, ya saben, la famosa (y justificada) llamada "99" que invitaba a sacudir al sudafricano que hubiera cerca, como ocurrió cuando el segunda escocés Gordon Brown fue sometido a tratamiento especial por un par de díscolos bóers. 



El coloso de Antrim nunca ha dejado los aledaños del campo de juego, ni de los Lions tampoco, que fue manager en la gira de 1983 y en 2001, cuando lo era otro segunda línea irlandés, Donal Lenihan, fue invitado, sin previo aviso, a dirigirse a la gente de Martin Johnson, el capitán, antes de entregar a cada uno su camiseta. Sin ser un Demóstenes o acaso un Cicerón, pero dotado de habilidades de líder, hizo sentar a sus sucesores y les dijo que sabía que eran un equipo de profesionales y que el no lo fue, pero que a la hora del choque, de poner el cuerpo en la línea de ventaja, todo es igual. "Vuestros cuerpos están preparados porque vuestras mentes lo están. Nunca culparéis al tipo que deja caer el balón, ni al que faltó en el apoyo, porque sois un equipo, y estáis juntos para todo, y serán vuestras reacciones cuando estéis en apuros lo que demostrará quienes sois". 

Los que vivimos en un tiempo y en un lugar en el que sobra la palabrería, gustamos de recordar a gentes sólidas que pronuncian palabras serias y sensatas y se comportaban de igual forma.




viernes, 10 de mayo de 2013

Hacer de la necesidad virtud


Una de las múltiples semejanzas del rugby con la vida real es que nos pone a prueba ante imprevistos de toda índole. Que el ala cerrado del equipo olvide la jugada entre apertura y primer centro y nuestros terceras  deban recuperar el balón colgado al interior para evitar que los terceras rivales se encuentren con el regalo. Que el talonador decida poner en práctica técnicas de pensamiento lateral inopinadas y medio melé y saltadores pasen el partido viendo volar balones por encima de sus cabezas. Que el número 8 del tercer equipo deba jugar en el primero tras seis meses sin entrenar y decida imitar las salidas desde la base de la melé que vio a Wayne Shelford en una vieja grabación de la gira de Nueva Zelanda de 1986, con los resultados imaginables. O que el peso y hechuras del medio de melé adquieran progresivamente las de un primera línea y el juego del equipo deba adaptarse a tal coyuntura. Precisamente ese era el caso, y por tal circunstancia, en un alarde brillante de genio táctico, digna del viejo corso en Eylau, qué digo Eylau, en Austerlitz, fue asumida como maniobra de segunda fase la llamada "jugada del armadillo" por cierto equipo universitario que me sufrió como jugador y entrenador. 

A simple vista no se trataba más que del fracaso evidente del ataque desde la base de la melé, capturado el nº 9 por la tercera contraria, casi siempre unos pasos tras la línea de ganancia del otro equipo. Pero el suceso tenía más enjundia, pues si bien nuestra propia tercera línea carecía al principio de referencias, puesto que su mirada se dirigía naturalmente hacia adelante y costó uno o dos experimentos paulovianos que miraran primero hacía atrás, al contrario le infundía una falsa seguridad, convencidos, siempre, de la torpeza de nuestro ataque. Equívoco que terminaba venturosamente tras los dos o tres primeros ensayos en contra, en que los nuestros decían replantearse nuevamente lo planeado en el vestuario. Con razón, porque podemos calificar a la jugada, más bien una forma de vida, como de talebiano "cisne negro rugbístico", toda vez que acontecía en las más dispares posiciones en el campo, pero señaladamente cerca de nuestra marca. Ahora bien, depurada la técnica de la jugada merced a la circunferencia del medio de melé y su agitado juego de codos, y sabedores terceras y segundas de la querencia del mismo por el dasipódido placentario del orden Cyngulata, desarrollaron una lograda técnica de giro de maul que había de dejarnos tantas veces con el carril del lado cerrado expedito para un, si no fulgurante, sí inesperado contraataque protagonizado por la primera línea y el avisado zaguero. No digo que cosecháramos muchos puntos con tal desarrollo de la ecuación, pero sí desconcierto en el rival, como es obligación en el campo de batalla, sorpresa entre los (escasos) espectadores y  (casi siempre) salvar la cara y la posesión, que era más importante.

Pues bien, los fieles lectores de estas historias verán que se produce hoy la incorporación de un nuevo colaborador, el inefable Almirante Benbow, autor que ha sido de notables escritos sobre particulares diversos, el inventor cierto de la "jugada del armadillo". Sus opiniones son de su exclusiva responsabilidad, pero en punto a la fe de Ellis yo las respaldo.


viernes, 3 de mayo de 2013

Zagueros

Pocas veces un primera línea se ve en la desconcertante tesitura de estar sólo. El primera línea, como sus compañeros de la segunda, merodea por el terreno de juego en formación cerrada las más veces, con un ojo puesto en las maniobras de la tercera línea y otro en las incursiones de los centros con vocación de ariete. Por eso en las raras ocasiones en que el primera, o el segunda, se encuentra desplazado en la retaguardia -por un avatar del juego que suele ser la circunstancia de recuperar el resuello o el lapso breve en que se reúnen fuerzas tras una refriega especialmente dura- cuando alas y zagueros se lanzaron a un ataque fallido y el adversario devuelve el balón alto y lejos, se desata en rápida sucesión un simple razonamiento, facilitado por años de entrenamiento de la visión periférica a la que la evolución natural nos obliga: "no tengo a nadie alrededor, mi zaguero yace bajo tres delanteros contrarios a cuarenta metros, voy a tener que atraparla". Transcurren entonces unos segundos de expectación que se resuelven, generalmente, con el azar de una captura y un suspiro de alivio de la concurrencia, pero suficientemente prolongados, los segundos, como para que el protagonista pase revista a todos los consejos recibidos por esos extraños seres de atrás y también todas las chanzas que acaso padeció con jovial parsimonia en aquel endiablado entrenamiento en que los tres cuartos pateaban y los delanteros recibían. Por eso el plus de adrenalina descargado en tales instantes deja una impronta de admiración, hay que decirlo, por esos tipos flemáticos -el lugar común- que guarnecen con solvencia y aplomo la última línea de defensa. Con tanto como para jugarse el tipo sin dudarlo, sabedores de que tras ellos no hay más que procesión de cabezas bajas hacia nuestro lado de los palos. Como Michel Vannier, zaguero excepcional de la Francia que comenzaba a asentar sus reales en el V Naciones de los 50 y miembro del sindicato de "sudafricanos" que en 1958 batió a domicilio a los Springboks. Fugaz participación en la gira, por otro lado, porque en su tercer partido, frente a una selección de feroces bóers de Natal y Transvaal, 16-14 para los visitantes, despejó el balón que se precipitaba a posar, tras patada rasa que lo había dejado sobre la marca visitante, un ala africano. Vannier salvó la marca pero perdió los cruzados y los meniscos de la rodilla derecha, hasta el punto de que trasladado urgentemente a Johannesburgo hubo médico que pensó en amputar y que solamente el empeño de un cirujano fanático del rugby, Jimmy Craigs, permitió una reconstrucción (piensen en términos de aquellos años) que le dejara, como dijo el médico de la Federación Francesa, caminar sin cojear.  

El partido, como la gira, fue épico, con detalles tan singulares, en el tiempo en que no había sustituciones, como que el capitán bóer parlamentara con el referee para que se permitiera la entrada de otro jugador, para ganar en buena lid, o que el primera Raoul Barrière, con el tiempo entrenador de Beziers, convirtiera la patada decisiva. Pero lo que queda para la historia, lo que califica al zurdo de Lorena, a le Brin d'Osier, es el final de la cita de aquel doctor, que refería una entre diez posibilidades de caminar sin cojear, una entre cien de correr, una entre mil de jugar al tenis y una entre un millón de volver a jugar al rugby. Michel Vannier reapareció el 9 de enero de 1960 frente a Escocia.



domingo, 28 de abril de 2013

Sesuda reflexión




No les pediré que lean a Huizinga porque cada uno es muy libre de ilustrarse e instruirse como le pete, y por mi parte no sufro de inclinaciones proselitistas que me lleven a sugerir que mis palabras iluminen ningún recto camino. Pero si cito al holandés es para traer a colación su aproximación  al aspecto lúdico del juego. Lo que viene al caso porque el nuestro era uno de los últimos juegos stricto sensu y ha dejado de serlo no hace mucho, como resulta cada vez más evidente. Decía Huizinga que el juego, en su aspecto formal, es una acción libre ejecutada como suerte de ficción y sentida como situada fuera de la vida corriente, pero que, a pesar de todo, puede absorber por completo al jugador, sin que haya en ella ningún interés material ni se obtenga en ella provecho alguno, que se ejecuta dentro de un determinado tiempo y un determinado espacio, que se desarrolla en un orden sometido a reglas, donde "interés material" y "provecho alguno" son los sintagmas esenciales. El primero porque determina la transformación del paradigma que sustentaba nuestro juego y el segundo porque precisa las consecuencias de esa transformación y siendo ambas proposiciones del silogismo -que dejo a la formulación del lector porque no quiero ponerlo por escrito- que anuncia la pérdida de la esencia misma del rugby tal y como lo conocimos.

Va de suyo que toda sociedad política, aun la más individualista, se ve imbuida de un valor tenido por universal que se concibe de forma que trasciende de unos a otros integrantes de la misma. Ese valor puede ser llamado ejemplaridad, algo sobre lo que viene escribiendo otro pensador, esta vez español (Javier Gomá) cuya lectura es muy recomendable. Mantiene el director de la Fundación March, que tal es Gomá desde 2013, que la responsabilidad del ejemplo concierne a todos los hombres por igual, pues vivimos en una red de influencias mutuas de la que no podemos escapar. Pero es indudable que esa responsabilidad pesa especialmente en las personas públicas. Siguiendo su línea de pensamiento, podemos decir que la general aceptación por el rugbista practicante y por el espectador del cambio de paradigma de nuestro deporte es producto de una suerte de pérdida de referencias, lo que llama la "vulgarización" propia de la masa (a la que, cuidado, no da el sentido peyorativo orteguiano). Así, se pregunta si tal masa imperante en el mundo contemporáneo, advierte, o quiere poseer, o desdeña al fin, la tradición y por tanto, en última instancia si es consciente de ser heredera de algo y si olvidando el pasado, aplaudiendo lo “nuevo” y “novedoso”, que atrapan al cúmulo de ciudadanos satisfechos con sus egos, podrá ser capaz de modelar una existencia ejemplar. Fenómeno al que el rugby no es ajeno desde 1995, cuando se abandonó oficialmente el primer mandamiento de Ellis y se abrió la veda a la general mercantilización del juego, que ha convertido el retorno, el saldo de la cuenta de pérdidas y ganancias en el objetivo de los que sostienen el que ya es espectáculo-juego, amparado por las excusas de los venales que declaraban que era la única manera de sostenerlo y permitir, no ya su evolución, sino la demanda creciente del espectador. Trampa saducea para incautos y crédulos porque la pretendida evolución ad infinitum del juego no era más que excusa para el caballo de Troya que convirtió el rugby en producto, como lo eran ya los códigos a XIII, el gridiron o el association, y que andando el tiempo, y es algo que se va viendo sobre el rectángulo de Ellis y trasciende a las gradas, va a incorporar comportamientos inadecuados a aquello que había de ser preservado, que no es otra cosa que el acervo que nos había significado desde la mítica fecha de 1823. De ahí la destrucción del Templo -la primera todavía- y la renuncia a la ejemplaridad debida, esa que reflejaba y publicitaba ideales que enaltecían a los ciudadanos, sean aquí los rugbistas, que los distinguían de la masa a la que pertenecen, y que los hacían capaces de participar en las cuestiones de la polis activamente en tanto que ciudadanos libres, comprometidos consigo mismos y con sus semejantes, ejemplo casi siempre de personas maduras, consecuentes y trabajadores honrados, “humanos” en el sentido de Montaigne y perfectamente fecundos para la polis a la que se entregaban devolviendo con creces lo que el juego -esto es, el trasunto de valores y conductas decantadas y asumidas en y por el tiempo por aquellos que les precedieron- les había entregado.

Por eso estamos en trance de perder el sentido lúdico del harpastum britannico por excelencia, pues, aunque Virgilio nos muestra el camino de un círculo que no nos place, el cuarto del Infierno dantesco, no lo evitamos, obviando entonces la definición del viejo groningués pues el interés material queda entronizado como el becerro de oro por los que debían ejercer sin ambages la predicada ejemplaridad y porque el provecho de aquéllos se sitúa por encima de la democrática -en sentido primordial-  masa que ha de ver, salvo denuncia de oráculos prudentes, como lo que fue deja de serlo, y evidencia de la brecha que se abre entre el  juego que practican los que ven las gradas de grandes coliseos llenas y los que cuentan con familiares, suplentes del segundo equipo y proveedores de naranjas partidas en la banda. Tengo para mí que la esencia del juego se transmite con mayor fidelidad en el segundo escenario que en el primero, aún contra la poderosa influencia de remedos de rugbistas y quienes no les corrigen porque creen que llevan consumidores al estadio o al canal de televisión que pagó por la emisión. 

Nadie prestó atención a Casandra. Temo que suceda lo mismo.




viernes, 19 de abril de 2013

Una gesta francesa


Lepatey, Vigier, Stener, Vannier, Saulnier (entrenador y director de la gira), Celaya, Laurent (adjunto de Saulnier), Mias (capitán), Martine, Quaglio.  Barthe, Moncla, Carrère, Echavé, Momméjat, Frémaux, Baulon, Roques, Barrière.  Lacroix, Lacaze, De Gregorio, Cazaux, Danos, Marquesuzaa, Rancoule, Dupuy, Haget, Rogé

Ya saben, o quizás no, que la de Francia y el rugby es historia particular. Intrusos de primera hora para los puristas anglosajones y excluidos y vilipendiados en más de una ocasión. En 1931, lo primero, por mor de las prácticas poco rigurosas contra el credo amateur. Por cierta aproximación más que física al deporte de Ellis, en el segundo caso. Y ciertas las dos acusaciones, no es menos verdad que ambas tienen, han tenido más bien,  su explicación y algunas consecuencias y contribuyeron a una cierta forma de entender el rugby, distinta y tengo para mí que mejor, que la exasperante uniformidad de hogaño.

El rugby rural, la exaltación de la campechanía y el desafío fanfarrón entre pueblos vecinos, la Aquitania y el Languedoc, trigo, vides, lomas suaves y verdes irisados por el sol que reverbera en el Adour o en el Garona, villas pequeñas, Aurillac, Béziers, Brive, Dax, Mont de Marsan, Biarritz, Auch, Montpellier, cuántas más, con Tolón y la Tolosa francesa como excepciones, París desde luego, que el Loira es la frontera natural, por más que Racing y Stade se empeñen, producto de las políticas del patrón Ferrasse y la deriva profesional que nos ha convertido en mercado. 

Pecado original el francés, los sobres, bien magros, pero sobres que nadie negó, al dentista local o al horticultor o al chófer o la laxitud para acceder a la nómina municipal y las ropas rasgadas de los bebedores de destilados en la penumbra de sus aristocráticos clubes londinenses.  Y la expulsión, claro, esa que llevó al Gallo a peregrinar entre guerras por Germania, Hispania, Italia y la Dacia, con más éxito en la península sureña porque su fantoche emplumado intuía virtudes viriles para su tropa negra y saltarina, y al este, afrancesada la corte rumana y receptivo el ejército y menos en las otras dos provincias europeas, en aquellos tiempos complicados en que las guerras frustraron unos prometedores inicios en ambas. Y en Francia y en el Reino Unido el paréntesis consecuente y la reconciliación de posguerra y la reanudación del V Naciones en 1947, tras impartir País de Gales su bendición con un primer partido en diciembre de 1945 frente a los antiguos proscritos, que entre ese año y 1950 ganan catorce de sus veintiséis partidos internacionales y mejoran año a año, porque la vitalidad de su rugby había padecido menos durante los años de guerra. Así que en 1948 los galeses y en 1951 los ingleses,  ad domum suam, y en 1954 los All blacks por vez primera, ven a los franceses por delante en el marcador final. Un respeto y ya nadie habla de costumbres poco edificantes, que se toman solamente como excentricidades de comedores de garlic, que es algo que, con cierto desdén, nos suelen atribuir con marcado desprecio esos pálidos isleños a los del sur. Apunten que algo tenía que ver en ello la generación de Jean Prat, mister rugby, y que, retirados los Basquet, Chevalier, Bourdeu y el mismo Prat, había de consolidarse la de Lucien Mias para buscar la primera victoria ante los Springboks, tras la invitación de la poderosa South African Rugby Union de 1958. Importante no ya por motivos deportivos, sino porque en aquel Dominion británico se había dudado de Francia en las conferencias de paz y la grandeur se sentía maltrecha, así que Serge Saulnier, conocido como Le Gorille, entrenador y director de la gira pensó tanto en el éxito como en la reivindicación nacional y así lo hizo patente a cada jugador convocado, más bien a aquellos que pudieron (faltaron por diversa causa André Boniface, Pierre Albaladejo, Michel Crauste o Amédée Domenech) o dejaron viajar, pues otra guerra en ciernes, la de Argelia, retuvo a no pocos buenos jugadores franceses.


Diez partidos (dos test-matches) para dos meses de gira, en avión de hélice desde Le Bourget, viejo aeropuerto parisino, hasta el extremo de África para recorrer toda la Unión Sudafricana y Rhodesia. Cuatrimotores averiados, aterrizajes imprevistos, árbitros locales, como era el uso entonces y cambio de tornas para los visitantes, que hubieron de agudizar su sentido táctico para evita la obvia ventaja física de los locales, usada, además, a discreción e innovaciones técnicas en melé para parar a los poderosos rivales. Y lesiones en época sin sustituciones para crédito de los redaños de esa gente de la ladera norte de los Pirineos y su paradigma, el talonador Robert Vigier, alias Popeye, de Montferrand, que sintió un agudo pinchazo en el tórax mediado el segundo test, el decisivo, que el primero acabó en tablas, y al que el mareo y el vértigo de lo que luego fue diagnosticado como un infarto, no impidió terminar la batalla que llevó a Francia a su primera victoria ente Sudáfrica, un dieciséis de agosto de 1958, por 5 a 9, en el Ellis Park de Johannesburgo. 


Robert Vigier, talonador de Francia (1926-1986, 24 caps entre 1956 y 1959)






jueves, 18 de abril de 2013

De padres a hijos

Les confieso que hay una sensación que no he experimentado, y son pocas las que me queda por percibir entre palos y palos, si no por méritos, si por edad. Edad que, sin embargo, no me ha llevado a ver a ninguno de mi prole sobre el Rectángulo de Ellis (aunque todo se andará, porque está escrito). Y no imagino un sentimiento de satisfacción mayor, por haber hecho al descendiente partícipe del código de afectos, valores, lealtades y obligaciones que a su vez transmitirá a los suyos y que ha de conformar su disposición ante la vida. Y si además se alcanza la excelencia, en uno y otra, qué decir de la dicha del progenitor, amigo, por demás, el mayor de los Louveteaux (quede dicho en plural porque varios son los dedicados a nuestros menesteres, dos de primera generación y los que siguen). De modo que el vástago apunta maneras y principia a recoger el fruto de una dedicación y un entusiasmo compartido, que tal es al cabo -además- representarnos con el leo hispanicus en el pecho. Que sea en buena hora y reparta juego para honra de sus colores, amigos y familia. 




lunes, 8 de abril de 2013

Himnos

Hubo un tiempo, no muy lejano, en que los himnos se oficiaban de otra manera. El del equipo local nada más, y sin formación alguna, mirando hacia la tribuna o a la bandera flameante. Los jugadores, los quince elegidos, de cada contendiente, sorprendidos por las primeras notas de la banda militar -altos morriones de pelo de oso, o quepis o gorras de plato verdegrises- allá donde les sorprendieran los compases, rígidos hasta la nota final y a lo suyo de nuevo, que al fin un partido de rugby es más importante que los símbolos de que dotamos a los actores: importa más el nombre del compañero que la provincia de la que viene. Bajo el ruck multiforme de antaño permanecía uno porque el amigo estaba allí, acaso protegido por tu espalda del trayecto de una suela claveteada. 


Llegaron luego las retransmisiones (¡benditas!) de televisión y alguien decidió -bien decidido- que allí donde solamente los locales ejercitaban sus dotes corales era menester permitir al visitante que emulara al anfitrión, siempre con grave desventaja para el que comparecía en Cardiff. Y así fue, al tiempo que los rivales se recogían en un círculo cerrado, oppidum, muralla, castro, que los aislaba por unos minutos de la ceremonia, mirándose a los ojos y afirmando el compromiso de la próxima embestida, atentos sin advertirlo a la agitación química de sucesivas descargas de adrenalina sobre las circunvoluciones más recónditas del cerebro de cazador. Cuántas veces hemos visto a un Berbizier, o a un Casque d'Or, a un Deans, a un Porta o a un Shelford, excitar a su hueste con un gesto y estremecerse la formación justo antes de extinguirse esa nota última que da paso al inicio de la batalla. Ya no. El público es sagrado y exige su tributo, el que corresponde al democrático e inapelable criterio del abono de un precio. Y quiso ver de frente a los gladiadores y quiere, no, exige que entonen con marcial entusiasmo las notas que les unen al espectáculo y que les hacen a todos uno. Concesión hoy a la psique colectiva que dota a las instrucciones del vestuario de la banda sonora precisa, siempre que un solista no destroce la ceremonia.


Afortunadamente he visto, yo, que también soy público, como en Murrayfield o en el Olimpico hay no pocos que entonan ambos y como, siempre, la cantinela se proclama (semánticas al margen) con mirada clara y tendiendo la mano al que canta otra letra. Que siga siendo así.

domingo, 7 de abril de 2013

Contra el payaso de Wigan


AL JUZGADO DE INSTRUCCIÓN DE RUGBY (CONDADO DE WARWICKSHIRE) QUE POR TURNO DE REPARTO CORRESPONDA 

D. Alastair Napier, Procurador de los Tribunales y de That bunch of Ruggers S.L, según acredito con la escritura de poder que acompaño como documento nº 1, para ser testimoniada en las actuaciones con devolución de la misma por necesitarla para otras ocasiones, comparezco ante el Juzgado bajo la dirección letrada de D. Phillip Blakeway y, como mejor proceda en derecho, DIGO

Que siguiendo las instrucciones de mi mandante, formulo querella en ejercicio del derecho reconocido en los artículos correspondientes de la Ley de Enjuiciamiento Criminal  por los hechos y contra las personas que se menciona a continuación. En cumplimiento de concordantes preceptos de la citada Ley hago constar que ejerzo cuantas acciones penales y civiles derivan del delito y

EXPONGO

PRIMERO.- Se presenta ante el Juzgado de Instrucción de esta ciudad que por turno de reparto corresponda por ser el competente para su instrucción en atención a la más que evidente raigambre del noble deporte del balón de forma extraña en la ciudad en la que el fundador tuvo a bien, con aquel cierto desdén que predica la leyenda, subvertir el orden establecido tomando el balón con las manos, y en virtud del principio de jurisdicción universal propio de estos casos.

SEGUNDO.- El querellante es That bunch of Ruggers S.L como queda dicho (por sí y en nombre de listado de rugbistas que se adjunta en documento referido como Anexo 1, que consta de 2.349 páginas) y con domicilio en la calle Ailean Breac Stiùbhart, 1752 IV2 de Inverness.

TERCERO.- Los querellados son:  Christopher John Asthon,  con domicilio que a esta parte le consta en calle The Perfect Fool, 1, de Wigan WN5 9XL, pudiendo ser emplazado también en Greenlands Lane, Londres, NW4 1RL, junto con el segundo querellado, Saracens FC, como asimismo contra Aviva Rugby Premieship, 7th Floor, Regal House, 70 London Road, Twickenham TW1 3QS, como tercer querellado.

CUARTO.- Mi representada ha venido presentando su caso ante diversas instancias y de forma amistosa, y en defensa de los intereses de cientos de miles de rugbistas -que no lo son solamente los que desarrollan a la fecha la práctica de este deporte, sino todo aquel que lo haya verificado y con su afán, dentro y fuera del Rectángulo de Ellis, se proponga la salvaguarda del espíritu que le fue trasmitido por quienes le precedieron-sin que se haya atendido a razones por los querellados por vía de conciliación previa.

QUINTO.- Tras presentación de escrito preparatorio, que se adjunta como documento nº 2, esta parte procede a la presentación de esta querella, por el delito de estafa continuada y usurpación de funciones, consumado con el grado de autor por el querellado Sr. Asthon desde que abandonó la disciplina del grupo disidente del George Hotel de Huddersfield donde fue redactado el código de la Northern Rugby Football Union, con el tiempo conocido con el apócrifo nombre de Rugby League, y con el grado de colaboradores necesarios los legales representantes de Saracens FC y de la Rugby Premiership.

SEXTO.- Desde el día 19 de marzo de 2007, en que el Sr. Ashton aka the Splash se incorporó a la disciplina del  centenario club de Northampton, más conocido como los Saints -que nunca lo fueron, pero que deberán abandonar tal apelativo por causa de su complicidad, si bien exenta de responsabilidad por error invencible corregido después por su salida del club, en la fraudulenta incorporación del principal querellado a nuestro código- no ha dejado, ni dentro ni fuera del área entre palos y palos, de producirse con tan manifiesto desdoro y desprecio por el catálogo de normas escritas y no escritas, a saber, decantadas por costumbre más que centenaria, propio de los adeptos de la modalidad primigenia de rugby, conocida desde la fecha de la vergonzante defección de los nordistas como Rugby Union, que la firma de los contratos que le unían a aquel club antedicho y el sucesivo que le une al que a la fecha acoge sus desdichadas acrobacias y desplantes, no constituyeron más que modo articulado de obtener lucro por medio de tal militancia, contra el peculio de mayoritario número de aficionados de todas las edades, incluso menores de edad,  y argucia para promover una carrera circense y hacer disponer a firmantes y espectadores de sus dineros en beneficio propio, fingiendo además asumir una calidad personal y deportiva de la que carece, motivo este suficiente para que el tipo penal definido en la ley al caso como estafa le sea de aplicación, en concurso con la de usurpación de funciones, por la calidad personal falsa con la que ejerce su cometido profesional, todo ello con la agravante de abuso de confianza.

Conviene aclarar al juzgador que si bien en principio los querellados segundo y tercero podrían haber sido tenidos por perjudicados por la actividad delictiva del Sr. (duele llamarle así) Ashton, consentida que ha sido por estos dos durante tiempo más que suficiente su perniciosa conducta, es necesario proceder también contra ambas entidades, toda vez que o bien han devenido colaboradores necesarios o bien lo eran desde el principio, algo que en el caso del segundo coquerellado, Rugby Premiership habrá de ser especialmente tenido en cuenta, pues no en vano es de público conocimiento que sus andanzas en conspiraciones subversivas con la Rugby Football Union richmondiana, muy probablemente en las oficinas del mismísimo HQ, y la International Rugby Board, están causando daño notorio al juego del rugby, sobre todo en el sacrosanto espacio de la melé. Asunto, en cualquier caso, que esta parte pondrá en conocimiento del ministerio público a los efectos de la correspondiente investigación y que queda dicho por si fuera de interés para este juzgado acordar prueba al respecto.    

SÉPTIMO.-En consonancia con pacífica jurisprudencia que afirma que: "siempre que mediante engaño se produzca disminución patrimonial con ánimo de enriquecimiento injusto habrá estafa" hemos de decir que altos tribunales han acotado el concepto de engaño bastante como sigue: "[…] para la determinación de lo que deba entenderse por bastante, ha acudido a un doble criterio objetivo y subjetivo. Por el primero se requiere que el acto, la maquinación, adopte una intensidad que le dé una apariencia de creíble y susceptible de ser tenida para el ciudadano medio como suficiente para mover la voluntad en la dirección de una disposición patrimonial. Desde el plano subjetivo, han de tenerse en cuenta las especiales condiciones de los sujetos y a los principios de buena fe y de confianza que rigen en la contratación mercantil, en definitiva, ha de estarse a las concretas circunstancias de cada caso. Así el engaño ha de ser "bastante", es decir, suficiente y proporcional para la consecución de los fines propuestos, (la infiltración del principal querellado en el código Union) habiendo de tener adecuada entidad para que en la convivencia social actúe como estímulo eficaz del traspaso patrimonial , debiendo valorarse aquella idoneidad tanto atendiendo a módulos objetivos como en función de las condiciones personales del sujeto afectado y de todas las circunstancias del caso concreto; la maniobra defraudatoria ha de revestir apariencia de realidad y seriedad suficientes para engañar a personas de mediana perspicacia y diligencia. La idoneidad abstracta se complementa con la suficiencia en el específico supuesto contemplado". Con todo ello, es obvio que se cumplen los requisitos para entender que la maniobra de los querellados fue un engaño bastante, de tal modo que la maquinación se reviste del acuerdo adoptado entre las partes,  lo que le dio apariencia de creíble, con el fin de que mi representada y cientos de miles de aficionados vieran semana a semana, unos directamente, y otros de forma indirecta, una merma en sus patrimonios derivada de la adquisición de entradas, merchandising, programas, paquetes de emisiones televisivas o conexiones ultraveloces a internet para contemplar las competiciones que ensucia el querellado, todo ello siempre basado en los principios de buena fe y de confianza que rigen en la contratación mercantil, tal y como exige la jurisprudencia citada. Y todo ello sin perjuicio de la determinación de la cuantía -enorme como ha de ser- que en la fijación de los daños morales en pieza separada de responsabilidad civil, haya de deducirse contra los querellados.

OCTAVO.- Como diligencias a practicar para la comprobación del hecho señalamos las siguientes: 

A) Declaración del querellante por si el Juzgado estima conveniente amplíe lo expuesto en esta querella, en aquellos detalles que considere de interés. 
B) Declaración de todos los querellados. 
C) Declaración aún en calidad de testigos, de los Sres. Farrell y Lancaster, como responsables del Sr. Ashton en la selección inglesa de rugby.
D) Declaración como testigos-peritos de los Sres. Brian Christopher Moore y Wade Anthony Dooley a los efectos de que se manifiesten, el primero, como comentarista de la BBC, sobre el reiterado comportamiento del principal querellado, y el segundo, como agente de la ley, sobre los mínimos exigibles -muy por encima de la media del ciudadano común- al jugador de Rugby Union; y en todo caso ambos, como antiguos jugadores del XV de Inglaterra, sobre la conducta y formas de proceder del jugador de élite e internacional, y la ejemplaridad de que debe ir adornada su conducta.
E) Documental: únanse a las actuaciones como documento número 3 (Bloque documental) las grabaciones que se aportan desde el año 2007, tanto con los Saints, como con Sarries, como con Inglaterra, con advertencia de que resulta especialmente penoso el visionado de los sucesivos y reiterados planchazos que el querellado ejecuta con absoluto desprecio del más mínimo respeto por la ética de este nuestro deporte y adversarios y aficionados, esa gran mayoría que esta parte quiere creer aún no se ha dejado corromper por la codicia circundante.
F) Se solicita se requiera a D. Warren Gatland a los efectos de que manifieste por escrito si a la fecha tiene intención de convocar al querellado principal para la gira veraniega de los Bristish & Irish Lions, y conforme a tal se propondrá diligencia adicional, que queda eventualmente anunciada.
G) Cuantas diligencias complementarias sean convenientes para la adecuada averiguación de los hechos. 


Por lo expuesto, 

SUPLICO AL JUZGADO que tenga por presentado este escrito de querella con la escritura de poder que acompaña y documentos, me tenga por parte en la representación con que comparezco, se admita, se practiquen las diligencias interesadas y se tomen las pertinentes medidas cautelares sobre la situación personal y sobre los bienes de los querellados  o se les exija fianza para cubrir las responsabilidades civiles y, en su defecto, se decrete el embargo de sus bienes suficientes para atender dichas responsabilidades. 

Es de Justicia que pido en la villa de Rugby, a 7 de abril de 2013. 

OTROSÍ DIGO: Que conforme a lo dispuesto en el la ley aplicable, esta parte -que bastante ha soportado al payaso de Wigan- considera que está exenta de prestar fianza. 

Por ello nuevamente SUPLICO AL JUZGADO: Que tenga por hecha esta manifestación. 

Es Justicia que reitero en el lugar y fecha ut supra indicados.

viernes, 5 de abril de 2013

No solo de BOD ha vivido Irlanda


Entre los tres cuartos de la vieja Irlanda abundaban los letrados, sobre todo los nacidos en el Ulster. De esos, tres han sido los mejores: Trevor Maxwell Ringland, David Humphreys y, sobre todo, Cameron Michael Henderson Gibson, MBE, 69 caps entre 1964 y 1979 y 12 con los Lions, 6 veces Barbarian e innumerables comparecencias con la provincia de la Mano Roja. El tres cuartos irlandés más destacado de la historia, sin permiso del brillante y sólido Brian O'Driscoll, con el que el joven, aunque cupieran comparaciones, que no caben, no se habría de igualar, por imposibilidad metafísica. No solo ocurre que acumuló elevado número de gorras con borla en la época heroica del amateurismo, sino que representó a su nación en cuatro demarcaciones diferentes: todas las de atrás y fue, también, capitán sagaz y respetado, que convivió en el equipo irlandés con un par de generaciones de gentes duras, sufridas y que pasaban en aquellos años por su particular Sinaí. Pero además alguien que encaró su afición con compromiso absoluto, con una aproximación casi científica, con la dedicación del que estudia el tomo III de un viejo legajo que contiene en una nota marginal la clave para la defensa de su cliente. Por eso compitió tanto tiempo (con Ulster, con Irlanda, con London Irish y con el primer XV de su club de siempre, el North of Ireland FC, en este caso hasta los 42 años) y por eso, quizás, su mejor partido fue el último, el que ayudó al Trébol a ganar su única serie hasta la fecha allí abajo, en Australia, el primer año de la premier Thatcher en el 10 de Downing St. para que se sitúen, y cuyo marido, dicho sea de paso, había oficiado por las bandas del V Naciones de la época.

Un final brillante ese del Sidney Cricket Ground, para no desmerecer de su debut, en Twickers, en el lejano invierno de 1964, cuando encandiló desde la posición de apertura al distante público del Headquaters (eso que por aquí dan en llamar "la catedral" como si del estadio junto a la ría de Bilbao se tratara), que ya le conocía porque le había visto en el Varsity Match de diciembre de 1963, vistiendo los colores de Cambridge. De ahí al Hall of Fame de la IRB en 2011, toda una vida de rugby y seso, que seguramente son ingredientes que se acomodan a la perfección para componer el modelo de humanista contemporáneo. (Cierro la segunda hipérbole.)


Ha quedado dicho que jugó en todas las posiciones detrás del medio de melé, pero fue excelente, como BOD, pero de forma radicalmente distinta, en la de centro: sus ángulos de carrera y su anticipación, proverbiales, a lo que se añadía una rara aceleración, de zancada casi sincopada, que hacía realmente difícil su placaje. Carrera física y cursus honoris destacados sobremanera cuando comparecía con el equipo de las cuatro naciones y que lo vio entre sus filas durante las giras de 1966, 1968 -protagonizó la primera sustitución de la historia en rugby internacional, sólo por causa de lesión, por Barry John- 1971 en Nueva Zelanda -la mejor por calidad-, la épica de 1974 (la de Willie-John gritando "99", llamada que un profano no puede entender, porque hay que haber sufrido mala fe en un agrupamiento para saber que pasa ahí dentro), la que unió a McBride, Bennett, Edwards, Gravell, Brown, Cotton, JPR y otros colosos para doblegar al boer orgulloso y la de 1977, ya solo para los partidos de los miércoles.

Uno de los nuestros, del viejo código de respeto y esfuerzo, de mirada clara y comprensión profunda del juego que semeja la vida. Merece recuerdo, y no diré más porque no mejoraría la opinión del maestro McLaren.





domingo, 31 de marzo de 2013

Apariencias y palabras


"Las ciencias adelantan que es una barbaridad" declaraba personaje principal de cierto sainete musical. Dejando de lado mi escasa afición por ese género, es innegable el aserto, que en este caso, sin embargo, viene a cuento en otro sentido. Merced a las retransmisiones de partidos vía satélite o gracias al streaming se viene imponiendo el uso de determinado vocabulario, traducido o no, del inglés propio del rugby. Sea, pero que no confunda al neófito, que no se trata de novedades técnicas o invenciones de esas a las que se refería el boticario en la zarzuela de la cita. No, "patada a la caja" es traducción literal del "kicking in the box" por la patada, generalmente del medio de melé o del medio de apertura que, situados tras un agrupamiento, propulsan el balón alto y profundo a la posición del ala o del zaguero contrarios que defiende su lateral en el lado cerrado del juego, y ha existido desde tiempo inmemorial, de hecho, desde que se juega con dos medios. Y en español nadie, sobre el campo de juego o de entrenamiento, hasta bien recientemente y por influencia de tales narradores, había llamado así a la jugada. ¿Y qué decir del "off-loading"? Lo mismo. Para muestra la imagen, en la que Roy Laidlaw -si, el tío de Greig, el apertura de Escocia de hogaño- medio de melé caledonio ganador del Grand Slam de 1984, libera de tal guisa a un apoyo que no vemos, superada loa línea de ventaja inglesa, a ras de la melé, mientras Mickey Skinner y Deano Richards contemplan impotentes el ataque escocés. Pues eso, no tengan por novedoso todo lo que ven y aténganse a la máxima romana nihil novum sub sole.

jueves, 28 de marzo de 2013

Un héroe sin canción


Para la mayoría, de poca edad o corta memoria, el Gray de sus entretelas es Richie, el descomunal segunda línea de Escocia, que no es el primero y no será el último de los de ese apellido de los Borders en el equipo del Cardo. No es el primero porque hay un ganador de Grand Slam con tal patronímico: el doctor Christian Anthony Gray, segunda línea de la hornada de 1960, veintidós caps entre 1989 y 1991, jugador de Edinburgh Academical y de Nottingham RFC (capitán del equipo cuando el lenguaraz Brian Moore lo abandonó por Harlequins); y no será el último porque otros dos Gray, hijos del dentista, ya forman en las categorías inferiores de las selecciones escocesas. 

En la imagen gana un lateral al modo en que se hacía ya a finales de los 80 cuando al otro lado del pasillo había torres: trampeando, al filo de la norma, y eso que el método venía siendo desarrollado por los aislados Springboks, no faltos de centímetros, pero que, cual reservorio en habitat separado, habían incubado y desarrollado prácticas heterodoxas. Gray no era muy alto, 194 cm, y su misión en la formación de la fila india no era saltar más que de vez en cuando y, sin embargo, fue esencial para que Escocia ganara aquel Grand Slam. Además su compañero de segunda línea, el renano Damian Cronin, tampoco era un especialista y ambos habían de lidiar con lo más elevado de Scotland Yard -qué ironía el nombre del cuerpo de la policía metropolitana- a saber, Wade Dooley y Paul Ackford. Que los escoceses ganaran alguna touche es mérito de las diversas combinaciones que Telfer y McGeechan, los mejores pensadores sobre el Código de Ellis a ambos lados del Muro de Adriano, idearon para desconcierto de ingleses y, probablemente, de Calder, White y el Tiburón Blanco. Pero su principal preocupación era que los ingleses no las ganaran, o, mal menor, que sus conquistas fueran dudosas. Misión para Gray y cumplida a la perfección. Hábil juego de codos, invasiones ocasionales de la frontera entre ambos alineamientos, cambios continuos de posición entre ambos saltadores escoceses y la inestimable colaboración de Paul Burnell y David Sole, los dos pilieres. 

Y así todas las facetas del juego inglés, desmenuzadas, analizadas hasta lo más ínfimo y contrarrestadas por Escocia. Como hizo el rey Saúl al enviar a David para matar al enorme filisteo, así McGeechan indicó ese año al inglés el camino de regreso tae think again. Y es menester recordar que entre la firme determinación de Sole al salir caminando al césped de Murrayfield y el ensayo de Tony Stanger  hay todo un trabajo titánico, sordo y agotador que aquellos que nadie recuerda hicieron a mayor gloria de sus colores.

jueves, 21 de marzo de 2013

En el Stadio Olimpico



Les confieso que querría haber ido al Stadio Flaminio porque, en grande, me recordaba al Central, rodeado de arboleda de hojas de envés irisado por el sol romano. Pero no me dio tiempo. Acudí a la sede mediterránea del VI Naciones dos años tarde, porque poco prometía hasta ahora el quehacer de los italianos, salvo para sus incondicionales. Sin embargo este 2013 ha sido su año. Ya habían ganado dos partidos en 2007, pero no a Francia y desde luego no dejando tan buenas sensaciones, así que decidí que era hora. 

Como en París, la ocasión queda diluida dentro del fragor de grande, vetusta y caótica capital, aunque el observador prevenido no puede dejar de advertir a grupos de irlandeses convenientemente uniformados, casi siempre tocados con gorros alusivos a su bebida fermentada nacional y al apellido del ilustre fundador de la gloriosa compañía cervecera, por aquello de coincidir con el día de ese santo globalizado que es el cristianizador de las Islas Británicas. No esperen el ambiente de Dublín, Cardiff o, sobre todo, Edimburgo  en día de partido, pero no se preocupen porque tendrán compensación suficiente si luce el sol. 

Aunque pueden ir en el autobús 910 desde Termini, para llegar al Stadio Olimpico lo mejor es tomar la línea A del desastrado metro romano (tienen suerte, esta está medianamente limpia) y apearse en Flaminio, justo detrás de la Piazza del Popolo y tomar el tranvía nº 2, con al menos una hora de antelación, y aún así irá atestado. Si prefieren el paseo, desde San Pedro hay una caminata de media hora a buen ritmo, todo recto, saliendo por la Via Ottaviano en dirección al Viale Angellico, tras cumplir con los ritos propios del católico, si lo son, o del turista en otro caso. Entren en el recinto por el Viale delle Olimpiadi, justo antes de tomar el Lungotevere Maresciallo Cadona, más que nada porque está vedado al tráfico que no sea el autorizado para alcanzar el propio estadio y porque tendrán ante sí una buena muestra del urbanismo totalitario que no es tan frecuente en la Europa Occidental, no en vano fue proyectado como Foro Mussoliniano, y que es no obstante más sugerente -aprecien la ironía- que los Nuevos Ministerios madrileños, rodeado el camino de pinos y cipreses.

El estadio no es exclusivo para los adeptos a la fe de Ellis, ya lo saben, pero no deja de producir sorpresa al asiduo al Torneo de torneos salir del vomitorio correspondiente y sentirse atrapado por el colorido múltiple de las aficiones iluminadas por la luz del sur al atardecer, tan cálida, tan distinta de la tenue bruma boreal de Edimburgo o Dublín y la cegadora potencia de los miles de vatios necesarios a temprana hora para disfrutar de la contienda en esas otras latitudes. Brillo y color el de las aficiones y la melodía verdiana del Fratelli d'Italia, que el Ireland's Call apenas fue audible, y el murmullo sordo de miles de gargantas animadas por el primer balón al cielo. Balón, pallone, que había de ser italiano más tiempo y de mejor calidad, porque, salvo unos minutos iniciales, Irlanda decidió situarse en el único lugar cubierto por una densa sombra en el norte de Roma: el de su falta de confianza. Es verdad que tres expulsados y tres lesionados añaden desconcierto al mejor plantado, qué decir entonces de un equipo en transición, sin dirección y con su jefe natural pensando en su reciente paternidad en el "cubo de los pecados". Es verdad también que su expulsión temporal fue castigo a una acción que otrora fue legal, porque Favaro obstaculizaba la salida del balón con descaro que, premiado, fue emulado en determinadas fases del juego por el equipo vencedor. Nada de ello desmerece, sin embargo, la victoria local, acreedora del único ensayo del partido iniciada la segunda mitad y por medio del bulldozer Venditti, el ala de 110 kg que juega como un tercera línea. Además los italianos se proveyeron de más y mejores balones porque la touche fue suya y los rucks también, con Parisse e Il Barone Lo Cicero espléndidos, recuperando todos los estratosféricos misiles con que Massi castigó a alas y zaguero irlandeses. Y la cerrada ovación al pilone sinistro de Italia, en su último partido, retirado en triunfo, portador del gladium de madera que acredita sus laureles, ejemplo de la generación que dio el salto a la gloria, desde la primera división de la FIRA donde otros nos quedamos (y con suerte). El esfuerzo y los planes han dado sus frutos, qué más da que los que sirven a tus colores hayan nacido en Mendoza y se llamen García (ahora sin acento) o Geldenhuys y se hayan criado en llanuras inmensas de pasto dorado. Todo ello bajo la atenta y fascinada mirada de mis hijos,  entusiasmados y desconocedores aún de que esto es parte de la educación que este que suscribe les está brindando.

¡Ah, los silbidos! Es cierto, los hubo, ya lo dije, al convertirse el golpe de castigo que cerró el marcador en la primera parte. Vi de nuevo el partido en televisión, ayer. No estaban dirigidos al pateador Jackson. Esa parte del público incorporada a última hora a las glorias legionarias protestaba contra el rifirrafe previo entre dos jugadores, de esos que no pasan a mayores como sabe el bregado en mil campos. Como decía un pelirrojo hirbernio, solamente precisan algo de formación y no es menester quejarse porque nos brindan ocasión de otro destino en el Torneo.

lunes, 18 de marzo de 2013

En Roma


Lo prometido es deuda, que no saldo totalmente, porque solo daré unas pinceladas, recién llegado. Además ocurre que las cosas no se ven igual in situ y como la sede romana no la conocía, estuve tan pendiente de las gradas y del comportamiento de su afición como del Rectángulo de Ellis. Así que denme tiempo para ver el partido de nuevo (y el disputado entre mineros y oxonienses -¡si fuera verdad aún!- decisivo para el Torneo y quizás para los Lions) y les contaré algunas cosas con detalle. Interesa destacar ahora dos cuestiones: la afluencia de público al Stadio Olimpico, lo que me dejó en el alma retazos de melancolía, porque no hace tanto tiempo veíamos a los italianos en el Central. Unos hicieron bien las cosas, a su modo, siguiendo un plan y manteniéndose firmes, y otros no, dados a los bandazos, los personalismos y las rencillas. Y dos, que ese público, no obstante, debe ser educado. Junto a los de siempre, los entusiastas de último momento, los que desconocen aún los códigos y a los que veteranos de estas lides -luchadas o contempladas, seguramente ambas cosas- se dirigían con empeño para aclarar jugadas y avatares, presumo que con más eficacia que las pantallas gigantes y su fría glosa del reglamento. Labor didáctica esta, añado, que compartían voluntariamente y con el afable espíritu que propagan, irlandeses de toda laya, que los vi igual encorbatados con los colores del club que luciendo luengas barbas pelirrojas colgadas de gorros de duende patrocinado por la marca del caldo negro, pero en todo caso explicando las razones que aconsejan silencio y sometimiento al dictado del ref. Aunque fuera inglés.

Por cierto, las localidades de que dispuse, muy buenas, merced a @divertisrugby. Como todo lo demás.

viernes, 15 de marzo de 2013

A Roma

Me consta que el partido del año es el de Cardiff ¡cómo no! pero por mi parte me toca el de la sede del VI Naciones que aún no conozco. En Roma he sido visto por otros motivos, pero ahora que ya los italianos llegan a su mayoría de edad consiento en aparecer por allí por este otro. No niego que me hubiera gustado ver el partido en el viejo Flaminio, pero concedo que el Olímpico, sin tradición todavía, habrá de ganar puntos conforme Italia progrese. Prometo crónica, aunque siempre tras haber buscado lugar donde disfrutar, al menos, del segundo tiempo del choque entre Lancaster y Howley.