domingo 18 de marzo de 2012

Alcanzar la gloria, tocar el cielo y descender al infierno

Sin patillas, pero la misma gloria. Sin Arms Park, pero ante la misma afición. Sin magos artúricos, pero con el mismo entusiasmo. No pudieron honrar mejor la memoria de Mervyn Davies: ganaron el tercer Grand Slam del siglo XXI, después de los de 2005 y 2008. El de 2012 también frente a Francia, con protagonistas que compartieron alegría y decepción en el mismo lugar y bando.

En un mundo distinto el Dragón ha recuperado su sitio y nos congratula a los que crecimos con aquella generación de la Edad de Oro: Barry John y compañía, que para nosotros era rugby en blanco y negro. Ayer mismo, reunidos alrededor de las pintas de rigor, especulábamos un ala, un medio de melé, un tercera y yo mismo si acaso recordábamos, directamente, no con la certeza de las imágenes elaboradas ex post facto, el Grand Slam de 1976, pues ya llevaba la televisión pública cuatro o cinco años retransmitiendo por su canal UHF el torneo de las V Naciones. Aquel batallón de jugadores fue literalmente genial: intuición, habilidad, inteligencia natural, talento y más talento y las ideas de Carwyn James. La de la Edad de Plata que ha moldeado el antiguo talonador All Black Warren Gatland es sólida, compacta y prometedora. Aunque algunos como el primera Gethin Jenkins atesoren ya tres entorchados máximos, nos prometen más. Desde octubre de 2011, cuando les vimos en la tierra de la Nube Blanca supimos que Gatland había hablado con Merlín y tenía ya la receta: variedad y espacios, además de la delantera más versátil de la competición. El mismo Gerald Davies, criatura de aquella primera generación y hoy Vicepresidente de la Welsh Rugby Union clamaba hace días por el olvido de sus gestas: miremos hacia adelante, decía. No lo conseguirá porque para eso estamos los entusiastas, pero seguiremos con interés a esta hornada, cuyos enfrentamientos con los prometedores ingleses (la sorpresa del año) ya paladeamos.


Igual que en 2008 se presentaban los franceses en Cardiff para completar el elenco necesario para el triunfo galés, así que los Bonnaire, Dusatoir, Yachvili o Szarzewski ya sabían que les esperaba. Entonces fue un contundente 29 a 12, y ayer (mejor partido) un más ajustado 16 a 9, pero sin opciones francesas en ambos casos, porque la carga desesperada de Francia al final se estrelló contra la mejor defensa que ha desplegado Gales, con ambos centros y ambos flankers brillantísimos. Resumen del partido la jugada del ensayo: espectacular contraruck de País de Gales, balón veloz al cerrado y contrapies del gigantesco ala Cuthbert. Simple y brillante. Lo demás, puntos del eficaz Halfpenny y la ceguera de Harinordoquy que olvidó la técnica elemental del dos contra uno y abortó un más que probable ensayo esquinado de los suyos.

Los del 70 obtuvieron tres, y dominaron más, los de ahora ya tienen tres y pueden empezar un reinado, con permiso de las criaturas inglesas, esas que, descubiertas por Stuart Lancanster (imagino que ya no será un entrenador de tránsito) han sorprendido a todos. ¿Recuerdan el partido en Roma que casi pierden? Allí se dieron cuenta muchos de dónde estaban; en París de qué podían hacer y ayer, en Twickenham  (30-9) de que no tienes límites. A costa de los irlandeses, que vieron arruinado su San Patricio y con razón. Nunca fue tan evidente el axioma no scrum no win. No sé si fue la falta de O'Connell o la determinación inglesa, pero el destrozo fue abrumador. Corbisiero, Hartley y Cole delante y el semigalés Morgan desde la base de la melé ganaron la mitad de la jornada. Además han encontrado en Farrell el apertura que necesitaban y que ha dejado zanjada la cuestión Flood-Cipriani.

Antes, en el Olímpico de Roma los pupilos de Robinson caían de nuevo y cosechaban la Cuchara de Madera que se han ganado con denuedo. La alegría italiana era comprensible, pero así se las ponían a Fernando VII. Lo mejor será pasar página y no volver a ver sobre el campo a la peor línea que ha presentado Escocia en cien años. Algún delantero se puede salvar. Por lo demás la commedia è finita.

Y España, claro. Segunda victoria ante Rumanía (13 a 12) en la historia de enfrentamientos que comenzó en 1958. La primera, recordada aquí, en 1992 y la segunda ayer mismo, en el mismo lugar, el Central, día soleado y mucho más público y con buenas formas, que vuelven a sonar los himnos con banda (militar) en el campo. Ya lo he dicho, promete el grupo de Sonnes, y mientras vistan con orgullo el escudo del León, nuestros son. La vía italiana, o la casa desde el tejado, camino que bien trazado puede llevar lejos, como demostraron los transalpinos. Dejemos a Sonnes que construya, que ya irán llegando más españoles de este lado de los Pirineos al equipo.  Emoción incontenida, desde luego, desde el 0 a 3 hasta el 13 a 12, pasando por ese injusto 10 a 12, tras el cuarto golpe pasado por el veterano Calefeteanu, el medio de melé que acompañó en la dirección del juego a Iulian Dumitras, el hijo del entrenador Haralambie Dumitras, capitán del equipo derrotado en 1992 y ayer de nuevo batido en Madrid. (Recuerdos para la familia.) Y es que, reconociendo la potencia de los Robles, no han sido menos de cuatro las ocasiones en que he visto a España a punto de ganar a los dacios: en Valencia en 1989 la más reñida. Por eso es toda una satisfacción esa segunda victoria de ayer  desde 1958, que, además, puede hacer a los alickadoos de la IRB empezar a considerar con otros ojos a nuestro equipo. Va a resultar que al final la etapa del denostado Mandado se va a cerrar con sosiego. Ya veremos. 

Lo más notable de ayer, la defensa española, y todo un acierto colocar de nuevo a Nava (el más veterano y que sigue siendo una fuerza de la naturaleza) y a García a aguantar las embestidas de los robustos rumanos, pues nadie podía ignorar que su juego iba a ser el de siempre, que ayer no les sirvió para contrarrestar los puntos de Rolls, Peluchon y Aubanell (y pudo España anotar otro ensayo, que no concedió el escocés Rudkin). Va quedando claro que si alguno dudaba del compromiso de nuestros oriundos y asimilados, se equivocaba. Y al revés, si alguno de ellos venía con prevenciones, las habrá desechado. Queda Rusia, en mayo y ayer vapuleada por Georgia. Otra espina clavada que hay que sacar, que no les ganamos desde 2002 en aquel partido homérico de Krasnodar.


Jugaron este partido por España: Franck Labbe, Fabien Rofes, Jesus Moreno; Tom Parker, Jesús Recuerda (capitán);  Sergi Guerrero, David Barrera, Mathieu Roca; Sébastien Rouet, Mathieu Peluchon,   Pierre Belzunce, Jaime Nava, Pierre García, Sergi Aubanell y Brice Labadie; además desde el banquillo, Johnathan Phipps, David Gugernadze, Craig Lyons, Glen Rolls, Miguel López, Bruno Angulo y Nicholas Marshall. 

viernes 16 de marzo de 2012

Requiem aeternam dona ei

Merve the Swerve. Tercera línea. Galés. 


Mañana las banderas de Cardiff hondearán a media asta. Duelo por el capitán de País de Gales del Grand Slam de 1976, el coloso de los Lions de 1971 y 1974, el titán de Swansea, duro, elástico, fibroso. Atleta al modo clásico, lejos de las máquinas sofisticadas y gestor de un talento natural excepcional. Ubicuo, sorprendía al ala desapercibido que nunca pensó en encontrar al tercera centro contrario tan cerca, o al contrito talonador cuyo patético lanzamiento era, sin embargo, capturado por el prodigioso saltador del bigote y la gran venda orejera. 38 caps, que hubieran sido muchas más de no ser por aquella hemorragia cerebral producto de un choque desafortunado en partido frente a Pontypool. Nos regaló recuerdos. Indelebles. Mañana País de Gales añadirá alguno más. Para Mervyn Davies (1946-2012).

miércoles 14 de marzo de 2012

Fue hace 20 años

Ya lo conté, en Zona Rugby,  hace unos años, y aquí al abrir este blog . Con ese partido memorable comencé a poner negro sobre blanco las batallitas con que solía castigar a mis amigos rugbistas. El sábado en el Central se repite la ocasión. No conviene hacerse ilusiones, los rumanos lo tienen todo a su favor. Como aquella vez.


lunes 12 de marzo de 2012

domingo 11 de marzo de 2012

Los ingleses lo merecieron

Sin duda, a pesar del escaso margen (22 a 24) porque tres ensayos contra uno a veces no lo dicen todo. Comenzaron el partido con Cole, Hartley y Corbisiero explicándoles a los franceses Mas, Szarzewski y Poux que aquello iba en serio, que la melé local iba a sufrir, y cómo. Y qué desparpajo el de los noveles ingleses, que entre todos acumulaban menos de un tercio de las caps francesas. Sin embargo, en la tertulia de medio tiempo comentábamos los viejos del lugar que habían de tener cuidado, que los del Gallo tienen oficio y racaneando acabarían acercándose en el marcador. Así fue, pero Croft, de inmediato, puso las cosas en su sitio, tras un buen movimiento de los tres cuartos ingleses (en el que, hay que decirlo, la defensa francesa fue lenta). Fue el tercer ensayo inglés, tras los de Tuigali y Foden (mérito del boer Botha, tras arrancada muy parecida a la de Grey ayer). El ensayo francés fue de Fofana, que marca en todos sus partidos, facilitando, sin suda, por el despiste monumental del pilier inglés que sustituyó a un noqueado Dowson, suplente de Morgan: al salir el balón de la melé buscó carne en lugar de barrer, dejando expedito el camino al centro polinésico.

Aun pudo ganar el partido Francia, pero no aprovechó la ocasión: Trihn-Duc erró un drop recién pisado el césped del Stade de France. Fue una mala decisión y se les fue el partido. De hecho no acertó Francia en su planteamiento táctico en ningún momento, incluyendo los cambios y su ocasión, porque Debaty, Servat y Nallet hubieran dado otro color a la delantera local y hubiéramos visto otro partido. País de Gales lo tiene a su favor. Pero que no olviden 1988.


Item más, dos malas noticias: parece que el consorcio dueño del viejo Parc des Princes lo quiere derribar. Algo que los del siglo XIX lamentamos, aunque los estadios franceses que de verdad nos gustan son el Stade Aguilera y el viejísimo Stade de Colombes

La otra, de mi corresponsal Down Under, malos modos en el profundo Sur. Muy mal.

sábado 10 de marzo de 2012

¡Escocia, oh, Escocia!

Quedan apenas cuatro partidos para el final del Torneo y se van haciendo merecedores de guardar la Cuchara de Madera en los arcones de la Scottish Rugby Union. Me parece que los italianos, más sólidos durante esta edición, tienen todas las de ganar en el Olímpico de Roma el día de San Patricio. Hoy, desde luego, al margen del pundonor de sus delanteros (ya saben, lo que se dice cuando un equipo que te merece simpatía lo ha hecho francamente mal), nada de nada. ¡Si el mejor movimiento de tres cuartos fue la carrera y el amago del segunda línea Gray! Por lo demás, planos, inoperantes, predecibles: mal, muy mal. 

Es verdad que el ensayo de Reddan, el segundo, tras fallo defensivo clamoroso (el riesgo de la falta de profundidad en defensa con todos volcados en la primera cortina) fue un golpe duro, como el de Trimble justo al finalizar el primer tiempo, tras un movimiento de ataque brillante de los locales irlandeses: cruces, saltos, agrupamiento, liberación por el cerrado y ensayo. Como los de antes. Y luego el segundo tiempo, de color verde todo, y pudo caer otro, además del tardío de McFadden, aunque es verdad que no lo fue: no hubo continuidad y por tanto Bowe no anotó: como decimos los que vestimos toga "sin unidad de acto". (Sí, así lo comenté en twitter porque andaba preparando documentación para un juicio y por tanto procesaba con categorías de otra disciplina, razón que me hizo, además, perderme el partido de Cardiff.)

Fue justo, entonces, el 32 a 14 de Dublín. Insisto, que Robinson vaya haciendo sus maletas, a Escocia le hace falta un cambio radical.


viernes 9 de marzo de 2012

A Coimbra

El pasado año era yo, en ocasión semejante, pero en el Central, bastante pesimista: entonces hacía un repaso a los recientes España v Portugal, pero erré en mi pronóstico. Hoy me arriesgaré también y diré que el XV del León de Regis Sonnes ganará (y declaro, por cierto,  que me gusta la heterodoxia de su aproximación militar y taurina, y creo que judoka también). Los portugueses han llegado al punto de inflexión de una generación y nuestro variopinto grupo se consolida. Uruguay, Namibia, Georgia son rivales batidos que lo atestiguan. Los datos previos al partido los resume la IRB. Ánimo.


(Que por qué me gustan aquellos métodos de Sonnes. Verán, hace mucho tiempo disponía de un equipo de delanteros pequeños que sufrían de esa desventaja que es la falta de tamaño en nuestro deporte. Eran, no obstante, lo suficientemente agresivos como para sacar partido de ellos y para las mañas requeridas en rucks y demás agrupamientos  usé de ciertas técnicas de jiu-jitsu muy bien recibidas y mejor empleadas. El rugby es como la vida: hay que tratar de sacar el mejor partido a los recursos escasos.)

(Actualización a las 18.00 horas del 10 de marzo de 2012. Pudieron, pero no fue: 23 a 17.  De paso me abstendré de pronósticos en lo sucesivo.)

jueves 8 de marzo de 2012

Más Crunch

Pasee Ud. por algunas localidades del sur de Francia y fíjese en algunos joviales concejales que charlan con sus convecinos. Atribuya su aspecto algo tosco al origen rural, probablemente, de los observados. Pero no crea que semejante detalle es baladí, porque ya sean Gregoire Lascubé, Jean-Pierre Garuet o Didier Codorniu, todos, aun alejados en el espectro político francés, comparten extracción, pasión, historia y dedicación, no en vano se dejaron la piel en el rectángulo de Ellis por sus colores y se entregaron luego al servicio de sus compatriotas. Y tratándose del Midi francés, del Atlántico al Mediterráneo, a buen seguro que la gloria de sus días de azul adornará y enorgullecerá a sus votantes. No es difícil pasear por Lourdes y encontrarse a Garouche invitando a cerveza mientras presta atención a las cuitas vecinales, sin que deje de sorprenderse porque le reconozca un español y le conduzca al club social del Football Club Lourdais Hautes-Pyrénées que preside Michel Crauste, le mongol, el tercera internacional de los 60, para que compre la zamarra azul y roja que defendieron Louis Armary o Pierre Berbizier. ¿Y qué más? historias, quizás, a beneficio del tiempo elástico de las pequeñas villas, de ingleses y escoceses, partidas de mercenarios que llegaban al continente ávidos de botín y regresaban las más veces escaldados a su brumosa isla. Porque de eso se encargaban las huestes de Rives, el blondo flanker, y sus seguidores, los Joinel, Rodríguez, Dintrans, dignos herederos de los Paparemborde, Cholley, Palmié o Alain Paco. ¡Ah! y le crunch, claro, entre ellas. Que tengo para mí que el término ha sido aceptado por los franceses por matiz onomatopéyico más que por el significado inglés, y fruto de la tensión y el fragor de esa ocasión suprema que cada año enfrenta a las dos potencias del norte (no se sientan ofendidos los galeses), agazapadas cada año en su lado del Canal a la espera de lanzarse sobre la otra y cobrar la pieza.  Y la aproximación de cada cual: uncompromising, dirá el inglés mientras el francés preferirá no demorar la primera embestida, mascullando en patois intraducible, quizás, para dejar claro cuál sea la ley del partido, despiadada pero distinta cada año, marcada acaso por los segundos que cada primera línea aguanta el desafío de su contraparte: la del más fuerte en su más estricto sentido. Cotton, Wheeler, Blakeway frente a Paparemborde, Paco o Cholley; Ondarts, Dintrans, Garuet frente a Rendall, Moore, Probyn. Tournaire, Ibañez, Califano frente a Leonard, Cockerill, Garforth. Elijan juego.

En París, esta vez, donde los franceses ganaron por vez primera en 1927 (3-0) con un equipo bajo la sospecha del profesionalismo, capitaneado por Jauréguy, y al que había de llegar bien pronto Yves du Manoir, quien con el tiempo iba a dar nombre al estadio donde disputaron ese partido. Sin favoritos, pero con ventaja para Francia esta vez, más sólida su delantera, más experimentados todos ante la promesa que dibuja Inglaterra entorno a Robshaw. Veremos.


lunes 5 de marzo de 2012

On arrive, le crunch!


París, 1991, Phillipe Morocco y Pascal Ondarts tienen unas palabras con Jeff Probyn y Jason Leonard, bajo la antenta mirada de Wade Dooley y Will Carling. Con Brian Moore, que a buen seguro provocó el incidente, parece que no va la cosa. Prepárense, llega Le Crunch

domingo 4 de marzo de 2012

Pudieron pero no supieron

Desde luego el primer tiempo fue suyo, aunque cimentaran la iniciativa en el error de Rougerie que llevó a Bowe a su primer ensayo. Sea. Pero qué significativo ver a los franceses, a su delantera, haciendo esfuerzos colosales por dominar a los irlandeses y no poder: marca de Declan Kidney, que quiso dejar claro que el carácter vale. Por lo demás buen partido, duro, con alternativas y expectativas. Recuperación francesa y emoción final, pues la buena defensa hibernia frustró el agobiante ataque francés, como había sucedido minutos antes al revés: se fueron sin puntos los visitantes cuando más habían dominado. Dos ensayos para Irlanda (Bowe ambos) y uno para Francia (Fofana), así que las patadas de Parra y Sexton hicieron el resto para el 17 "apiece" que decía hoy Eddie Butler en la BBC. Y los de O'Connell se quedan con las ganas de volver a ganar en París, como en 2000. Esperemos que no tarden otros cuarenta años, porque O'Gara, el único que jugó aquel partido de los hoy contendientes, no va a aguantar mucho más.




sábado 3 de marzo de 2012

Otro Francia v Irlanda


Gran ensayo de Francia, cuando aún había espacios, durante el primer partido de V Naciones que grabé en video (viejo Betamax que aún funciona, relegado a no sé que rincón de un trastero), el 21 de enero de 1984. Década francesa, la de CodorniuBlanco, Sella, Garuet, Lorieux, LescarbouraLagisquet, Rodríguez y demás, con Jean-Pierre Rives capitaneando al XV del Gallo por último año. Ganaron a Irlanda, que durante mucho tiempo solamente jugaba medios partidos ante Francia, ímpetu desbordante en las primeras mitades y debacle en las segundas, también en Dublín. De este partido ya he hablado en otras ocasiones, y lo recuerdo cada vez que se repite el trámite, este próximo domingo en París, en otro estadio, olvidado ya el Parc des Princes, y sin hielo nocturno en el campo de juego, mal inevitable en invierno para retransmisiones televisivas casi noctámbulas. Ese año ganaron holgadamente los locales, como hicieron hasta bien entrados los 90 sin que nadie dudara del resultado final. Ahora no, ahora Irlanda puede, y desde que los planes de reclutamiento provincial dieron sus frutos, proporcionaron, de rebote, una nueva dimensión al Torneo ya de las VI Naciones.

Por cierto, el partido de 1984 lo dirigió Clive Norling, uno de los mejores refs que en el mundo han sido, galés y gran conocedor del espíritu del juego y aplicador excelso de ley de la ventaja. Un recuerdo para él, que en ese partido no tuvo empacho en expulsar a Garuet (la segunda expulsión en la historia del V Naciones) y dejar a la primera francesa formada por Cremaschi, Dintrans y Rodríguez, el tercera más pesado. 

jueves 1 de marzo de 2012

(R)evolución


Clive Woodward, hoy ennoblecido conforme al ritual de la Corte de Saint James, fue centro de un gran equipo de Inglaterra, el que ganó el Grand Slam de 1980, donde acompañaba a algunos de los más duros y avezados delanteros de la época, los enforcers Blakeway, ColcloughCotton. Su rugby era otro, desde luego, el del apogeo de una era que pronto iba a terminar. Woodward era rápido y técnico, vivo y sagaz y aunque no tenía empacho en el contacto, para eso estaban los de delante. Un buen balón era el que ya tenía la ventaja desde que salía de la zona de trincheras donde catorce o quince fieras habían dejado jirones de sus colores en los tacos del rival.


Mike Tindall, emparentado con aquella Corte, por cierto, también ha sido centro de ese equipo. Pero el rugby ya era otro. Basta comparar el físico de cada uno. El juego se ha mecanizado, y las zonas de contacto se han multiplicado. Las defensas se han extendido y los espacios reducido. Ya no se trata (sólo) de ganar el partido con el poder devastador de los ocho delanteros, aunque sigue vigente (¡que se lo digan a los escoceses!) la máxima no scrum no win, sino que las cargas repetidas sobre los muros de contención de la compacta, rocosa y firme defensa recaen también sobre los centros. Ya no se interna solamente el poderoso ala del cerrado, con pase al interior del apertura por el hueco que él mismo dejó alejándose de su medio de melé, o entre ambos centros, aquello que sorprendía de los All Blacks de 1971 y 1972, con Williams, y luego con Kirwan y no digamos con Lomu, con quien no era sorpresa sino fuerza mayor en toda su extensión, también la del artículo 1105 del Código Civil. Ahora los centros cargan incesantemente contra sus rivales, de la misma o mayor complexión (escalada bélica digna de la Guerra Fría), y contra la segunda cortina defensiva, esa horda de delanteros merodeadores que se recompone después de cada agrupamiento. Sí, se juega distinto, pero aún es nuestro juego.

domingo 26 de febrero de 2012

Qué lejos está Escocia

Bastaba ver la desmedida reacción de Andy Robinson, el negado de Murrayfield, en el cubículo del equipo técnico escocés para hacerse idea de lo necesitados que están. Y si dominaron la primera mitad del primer tiempo fue más por desacierto francés, aunque vimos intención, que eso no les falta, desde luego. Ahora bien, y me duelo al reconocerlo de un equipo de nuestra (plural mayestático) simpatía: qué desacierto, qué opciones más limitadas y qué línea de tres cuartos más vulgar, que además sufrió el cambio de ambos medios y de uno de los Lamont bien pronto. Poco más diré, salvo que el movimiento de tres cuartos francés de su primer ensayo fue sobrio y brillante, con una percusión de Trinh-Duc que dejó en ventaja a los suyos para en ensayo de Fofana y que Médard debería ser más comedido en sus celebraciones. En fin, que el resumen de lo que es Escocia hoy se refleja en el desempeño de sus elefantíasicos delanteros vapuleados por los más pequeños -es un decir-  y técnicos franceses. Así que 17 a 23 puede parecer escasa diferencia, pero ambos equipos están a la fecha a años luz, porque la Francia de Saint-André, que mantiene sus opciones con poco despliegue de calidad, algún apunte aquí y allá acaso, no tuvo problemas en controlar el partido cuando quiso, como si guardara su munición para esa última jornada que le enfrentará a País de Gales en Cardiff y donde esperan repetir la faena que les hicieron a los de Jonathan Davies, el genuino, en 1988.


sábado 25 de febrero de 2012

Cayeron los muros de Jericó


Y el sol se detuvo, antes de ponerse, muy poco antes, pues quería ver a los piadosos galeses, los del coro dominical, dar cuenta de los orgullosos ingleses. Quería ver realizada la justicia inexorable del Todopoderoso, que no podía decantarse por el pueblo que eligió San Jorge, que desde tiempo ha sigue a un equipo destructor, romo, soberbio e incrédulo. 

Y sin embargo, tras los minutos primeros, galeses sin duda, se sacudieron la presión que les adjudicaron los analistas y que tengo para mí que no sintieron los lancastrianos y merced a Dikson y a Farrell, más que una promesa, complicaron grandemente la jornada a las huestes del Dragón. No acertaban Priestland y Phillips, pero sobre todo el primero, y parecían los de rojo más noveles que sus contrincantes. No salían los balones chutados después de golpe de castigo; erraban la captura de laterales propios y no funcionaban en ataque Davies y compañía y además se dejaron llevar por cierta indisciplina en los agrupamientos, o así lo vio el australiano Walsh, que les dejó sin Priestland durante los preceptivos diez minutos. Claro que al contrario que el pasado año, se revolvieron, apretaron los dientes y acabaron el tiempo de inferioridad numérica casi a la par en el marcador: 12 a 9, tras recortar Mediopenique un golpe a los dos que llevaban de desventaja.

La segunda parte nos dejó el mejor rugby inglés del Torneo, cierto, pero un par de patadas entre las cortinas defensivas inglesas demostraron que los galeses iban a perseverar, como sucedió: Scott Williams le robó un balón al segunda suplente Lawes y pateó raso, persiguió y ganó su propia patada y anotó el 19 a 12 final, inalterado tras la presión final de los ingleses, huérfano ya Twickenham de cánticos, y la presunta marca de Strettle en la esquina, que no fue para disgusto aparente de Pajarito o Machuca, ambos internacionales españoles de una buena época e insignes prohombres de Arquitectura, callados ante el alborozo del resto de congregados ante las pantallas del garito irlandés de rigor.

Un  partido que me recordó al que hace trece años vi en Londres, en el que otro Scott (Gibbs)  se encargó de acallar a Wembley.


Así que Triple Crown para los galeses, primera ganada en Londres, y vigésima de las suyas, como la de 1978 o la de 1988 o la de 2005. Alegría hoy, pero contención y reflexión, que restan los partidos de Cardiff ante Italia, que no dará la sorpresa allí, y el de Francia, que sí puede ganar, como siempre, como en 1988 y privarles de lo que nos prometieron en Nueva Zelanda.

Por cierto, también ganaron Irlanda a Italia (42 a 10) con el mejor Sexton desde hace mucho tiempo: lo mejor del partido el medidísimo pase sobre Bowe, y España a Ucrania, como esperábamos, a orillas del Mar Negro: 41 a 6. Pero seamos sensatos, la noticia es hoy lo de Twickenham, así que no diré más.

Hoy es el día


Scott Gibbs, Wembley, abril de 1999. No digo más por ahora.


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