Sin patillas, pero la misma gloria. Sin Arms Park, pero ante la misma afición. Sin magos artúricos, pero con el mismo entusiasmo. No pudieron honrar mejor la memoria de Mervyn Davies: ganaron el tercer Grand Slam del siglo XXI, después de los de 2005 y 2008. El de 2012 también frente a Francia, con protagonistas que compartieron alegría y decepción en el mismo lugar y bando.
En un mundo distinto el Dragón ha recuperado su sitio y nos congratula a los que crecimos con aquella generación de la Edad de Oro: Barry John y compañía, que para nosotros era rugby en blanco y negro. Ayer mismo, reunidos alrededor de las pintas de rigor, especulábamos un ala, un medio de melé, un tercera y yo mismo si acaso recordábamos, directamente, no con la certeza de las imágenes elaboradas ex post facto, el Grand Slam de 1976, pues ya llevaba la televisión pública cuatro o cinco años retransmitiendo por su canal UHF el torneo de las V Naciones. Aquel batallón de jugadores fue literalmente genial: intuición, habilidad, inteligencia natural, talento y más talento y las ideas de Carwyn James. La de la Edad de Plata que ha moldeado el antiguo talonador All Black Warren Gatland es sólida, compacta y prometedora. Aunque algunos como el primera Gethin Jenkins atesoren ya tres entorchados máximos, nos prometen más. Desde octubre de 2011, cuando les vimos en la tierra de la Nube Blanca supimos que Gatland había hablado con Merlín y tenía ya la receta: variedad y espacios, además de la delantera más versátil de la competición. El mismo Gerald Davies, criatura de aquella primera generación y hoy Vicepresidente de la Welsh Rugby Union clamaba hace días por el olvido de sus gestas: miremos hacia adelante, decía. No lo conseguirá porque para eso estamos los entusiastas, pero seguiremos con interés a esta hornada, cuyos enfrentamientos con los prometedores ingleses (la sorpresa del año) ya paladeamos.
Igual que en 2008 se presentaban los franceses en Cardiff para completar el elenco necesario para el triunfo galés, así que los Bonnaire, Dusatoir, Yachvili o Szarzewski ya sabían que les esperaba. Entonces fue un contundente 29 a 12, y ayer (mejor partido) un más ajustado 16 a 9, pero sin opciones francesas en ambos casos, porque la carga desesperada de Francia al final se estrelló contra la mejor defensa que ha desplegado Gales, con ambos centros y ambos flankers brillantísimos. Resumen del partido la jugada del ensayo: espectacular contraruck de País de Gales, balón veloz al cerrado y contrapies del gigantesco ala Cuthbert. Simple y brillante. Lo demás, puntos del eficaz Halfpenny y la ceguera de Harinordoquy que olvidó la técnica elemental del dos contra uno y abortó un más que probable ensayo esquinado de los suyos.
Los del 70 obtuvieron tres, y dominaron más, los de ahora ya tienen tres y pueden empezar un reinado, con permiso de las criaturas inglesas, esas que, descubiertas por Stuart Lancanster (imagino que ya no será un entrenador de tránsito) han sorprendido a todos. ¿Recuerdan el partido en Roma que casi pierden? Allí se dieron cuenta muchos de dónde estaban; en París de qué podían hacer y ayer, en Twickenham (30-9) de que no tienes límites. A costa de los irlandeses, que vieron arruinado su San Patricio y con razón. Nunca fue tan evidente el axioma no scrum no win. No sé si fue la falta de O'Connell o la determinación inglesa, pero el destrozo fue abrumador. Corbisiero, Hartley y Cole delante y el semigalés Morgan desde la base de la melé ganaron la mitad de la jornada. Además han encontrado en Farrell el apertura que necesitaban y que ha dejado zanjada la cuestión Flood-Cipriani.
Antes, en el Olímpico de Roma los pupilos de Robinson caían de nuevo y cosechaban la Cuchara de Madera que se han ganado con denuedo. La alegría italiana era comprensible, pero así se las ponían a Fernando VII. Lo mejor será pasar página y no volver a ver sobre el campo a la peor línea que ha presentado Escocia en cien años. Algún delantero se puede salvar. Por lo demás la commedia è finita.
Y España, claro. Segunda victoria ante Rumanía (13 a 12) en la historia de enfrentamientos que comenzó en 1958. La primera, recordada aquí, en 1992 y la segunda ayer mismo, en el mismo lugar, el Central, día soleado y mucho más público y con buenas formas, que vuelven a sonar los himnos con banda (militar) en el campo. Ya lo he dicho, promete el grupo de Sonnes, y mientras vistan con orgullo el escudo del León, nuestros son. La vía italiana, o la casa desde el tejado, camino que bien trazado puede llevar lejos, como demostraron los transalpinos. Dejemos a Sonnes que construya, que ya irán llegando más españoles de este lado de los Pirineos al equipo. Emoción incontenida, desde luego, desde el 0 a 3 hasta el 13 a 12, pasando por ese injusto 10 a 12, tras el cuarto golpe pasado por el veterano Calefeteanu, el medio de melé que acompañó en la dirección del juego a Iulian Dumitras, el hijo del entrenador Haralambie Dumitras, capitán del equipo derrotado en 1992 y ayer de nuevo batido en Madrid. (Recuerdos para la familia.) Y es que, reconociendo la potencia de los Robles, no han sido menos de cuatro las ocasiones en que he visto a España a punto de ganar a los dacios: en Valencia en 1989 la más reñida. Por eso es toda una satisfacción esa segunda victoria de ayer desde 1958, que, además, puede hacer a los alickadoos de la IRB empezar a considerar con otros ojos a nuestro equipo. Va a resultar que al final la etapa del denostado Mandado se va a cerrar con sosiego. Ya veremos.
Lo más notable de ayer, la defensa española, y todo un acierto colocar de nuevo a Nava (el más veterano y que sigue siendo una fuerza de la naturaleza) y a García a aguantar las embestidas de los robustos rumanos, pues nadie podía ignorar que su juego iba a ser el de siempre, que ayer no les sirvió para contrarrestar los puntos de Rolls, Peluchon y Aubanell (y pudo España anotar otro ensayo, que no concedió el escocés Rudkin). Va quedando claro que si alguno dudaba del compromiso de nuestros oriundos y asimilados, se equivocaba. Y al revés, si alguno de ellos venía con prevenciones, las habrá desechado. Queda Rusia, en mayo y ayer vapuleada por Georgia. Otra espina clavada que hay que sacar, que no les ganamos desde 2002 en aquel partido homérico de Krasnodar.
Jugaron este partido por España: Franck Labbe, Fabien Rofes, Jesus Moreno; Tom Parker, Jesús Recuerda (capitán); Sergi Guerrero, David Barrera, Mathieu Roca; Sébastien Rouet, Mathieu Peluchon, Pierre Belzunce, Jaime Nava, Pierre García, Sergi Aubanell y Brice Labadie; además desde el banquillo, Johnathan Phipps, David Gugernadze, Craig Lyons, Glen Rolls, Miguel López, Bruno Angulo y Nicholas Marshall.















